Martha Vaca Arizmendi

¿Quién no ha sufrido cuando deja olvidado el teléfono celular en casa? ¿A quién no le ha preocupado quedarse sin pila? o ¿quién no se ha sentido incomunicado (a), al estar en una zona donde no hay señal? 

Si usted levantó la mano y no se identificó con las preguntas anteriores, de verdad permítame felicitarlo, ¡es usted de los pocos que no son dependientes del teléfono móvil! 

La nomofobia es un anglicismo derivado de (no mobile phobia), miedo irracional a estar sin teléfono celular, y es que la necesidad actual de estar permanente comunicado, ha originado que se desarrolle esta nueva enfermedad. 

Según una reciente encuesta 7 de cada 10 mexicanos lo padece y los síntomas son muy similares a los experimentados por el síndrome de abstinencia: ansiedad, depresión, taquicardias, dolores de cabeza, etc. 

He de confesar que yo soy un claro ejemplo de esto; para comenzar por lo regular procuro siempre tener el teléfono con la suficiente batería, jamás olvido mi celular porque antes de salir de casa me cercioro de traerlo conmigo, cuando lo pongo a cargar lo reviso constantemente para verificar que no tenga una llamada perdida, un mensaje o un correo electrónico sin leer, y pudiera seguir con más eje mplos. En una ocasión mi teléfono se descompuso y tuve que llevarlo a la compañía para que lo revisaran, lo que implicó dejarlo casi todo el día con el técnico. ¡Eso fue un martirio! y la tranquilidad sólo volvió… cuando tuve de nuevo mi celular en mis manos. 

Bien sé que no es correcto y que debo tratar de permanecer sin el teléfono móvil y no atravesar por alguno o todos los síntomas de la nomofobia.

¿y ustedes pudieron levantar la mano? 

Martha Gabriela Vaca Arizmendi

Consultora en políticas públicas y Social Media

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